Siempre me cuentan esta historia, desde que era pequeño la vengo escuchando; parece ser que la abuela de mi madre, Mamá Consuelo, tenía una tienda de esas donde se venden cosas de todo tipo, una especia de ultramarinos, supongo, ellos vivían allá en Bouzas, pueblecito que ahora forma parte de Vigo, Pontevedra. La historia tiene como protagonisa a un joven; bueno, ya no tan joven; llamado el Purrúa, ya se sabe que en los pueblos se ponen este tipo de motes a la gente, yo no sé la razón de éste en concreto, aunque seguro que la tiene; este chico se dedicaba, según creo, a pintar; era pintor de brocha gorda, claro, quizá con alma de artista pero de oficio sencillo.
El caso es que el Purrúa entró en la tienda de Mamá Consuelo apenado y con la cara socabada de sal, llorando vamos, y al momento, lógico, Mamá consuelo le debió preguntar el porqué de sus penas pero poco debió sacar en claro Mamá Consuelo, porque El Purrúa tragaba lágrimas y apenas podía hablar, en esto el pobre hombre soltó, en gallego, un:
- Señora Consuelo, Señora Consuelo, déame unha caixa de mistos
- ¿é para qué queres tí os mistos, se non fumas?
- Señora Consuelo, ¡Déame a caixa que me quero envenenar!
No creo que tengan ustedes problemas para entender el diálogo, aunque esté en gallego, El Purrúa quería la caja de mixtos para envenenarse comiendo el fósforo de las cabezas de las cerillas, cosa, yo creo, bastante complicada; porque supongo que habrá que comer muchos mixtos para envenenarse así, lo simpático del asunto, es que mi bisabuela, supongo que dándose cuenta de lo absurdo del hecho, le dijo:
- Anda, anda, aquí tes os mistos pero tómaos fora, non veñas a amolar agora.











Este cuento me ha encantado. Ahora se de donde viene la palabra amolar que tanto usaba mi abuela materna. Ya la amuela decía la gente grande cuando era chica. Gracias Aulo y saludos hasta tu patria. Siento lo del Tibet, es horrible, ya dedicaremos algo a ese tema en las puertas, si tan solo nuestras palabras pudieran llegar más lejos, pero ahi vamos no?