Aquí llega un nuevo artículo de opinión sobre videojuegos, lamento aburrir a los que no os gustan, pero creo que hay cosas que es mejor decirlas, ya que no sólo afectan a los videojuegos, sino también a los medios de comunicación y a su “profesionalísimo” tratamiento de las noticias, me explico, a partir del siguiente párrafo.
Hace unos años, Rockstar (empresa desarrolladora de videojuegos) lanzó un juego que levantó una gran polémica en medios de todo el mundo, después de que un chico decidiese suicidarse en Donosti por no aguantar el despiadado acoso de sus “compañeros de clase” se puso de moda la palabra “Bullying”, de repente se descubría que en las escuelas había chicos que pegaban a otros, de una manera sistemática y cruel, hasta dejarse seculas físicas y lo que es peor psicológicas, sin duda un grave problema.
En España los medios no paraban, esos días cada vez que ocurría cualquier cosa en una escuela era portada de todos los informativos, en medio de esto, a Rockstar se le ocurre lanzar un juego titulado “Bully”, provocando el rechazo incondicional de todos los medios, diciendo que en el juego tenías que aplicar el bullying a otras personas, se nota que ninguno llegó a probarlo.
El juego trata de un chico, cuya nueva familia, su madre y su rico padrastro, lo manda a un internado, de los más caros del país, aunque a al chico no le haga ninguna gracia, una vez dentro de éste descubrirá que es un lugar donde es difícil salir adelante, se encontrará abusones, traidores, profesores tiranos y un largo etc que le ponen las cosas difíciles, y el objetivo del juego es salir adelante, ni más ni menos, a veces con los puños, asistiendo a clase, buscando novia (o novio, otra de las cosas que no gustaron en los sectores conservadores).
Nada que ver, pero a Rockstar se le obligó a cambiar el nombre del videojuego, su nombre final fue Canis
Canem Edit, que resultó ser un gran título con muy buenas puntuaciones, excepto de la revista Hobby consolas, que se negó a puntuarlo, por no gustarles la temática, según ellos; aliarse con lo considerado políticamente correcto es muy fácil, menudos interesados (más adelante explico por qué).
¿Por qué hoy no aparecen noticias de Bullying en los telediarios?, ¿ya no hay violencia en las escuelas?, ¿se ha solucionado el problema?, no, lo que ocurre es que ya no está de moda, y aquel chico de Donosti les importaba bien poco a todos estos folloneros, les interesaba la audiencia, nada más, sólo así se explica que este mes Rockstar ha lanzado un Remake de este juego, para Xbox 360 y Wii, con el nombre “Bully” en letras grandes en la caja, y nadie ha movido un pelo.
Este Remake de Bully de nuevo se ha llevado muy buenas críticas, incluso la Hobby consolas, la revista que renegó de sus principios, no ha vuelto a atacar al juego, menudos hipócritas, ya ha pasado el temporal y podemos hacer como si nada, desde aquí mi desprecio a esta revista, que sólo opina cuando está bien tapadita del temporal.
Con este artículo quiero poner de manifiesto la aletoriedad de los medios de comunicación, especialmente los televisivos, que por vender una noticia meten en el mismo saco lo que haga falta, sea un videojuego o sea lo que sea, el acoso escolar sigue siendo un problema, y mientras unos lo han solucionado cambiándole el nombre a un videojuego, miles de educadores luchan día a día para terminar con esta horrible lacra.
Bully fue tan sólo otra excusa para los que odian los videojuegos, para los medios de comunicación en
general, tan amigos de las medias verdades y medias mentiras, así como de dar las noticias acorde con sus colores políticos, lo peor de todo esto es que la gente se cree lo que dice ese señor trajeado, y son pocos los que deciden ponerle una visión crítica, lanzar un juego con tal nombre en medio de esa repercusión mediática es un enorme sacrilegio, y le estás enseñando a los niños técnicas de bullying (Mamma mía!, menudo invento), pero eso sí, hacerlo un año después cuando ningún medio está pendiente de estas noticias es de lo más normal, así son los medios de comunicación, influíbles, oportunistas, mentirosos y hipócritas.
Este artículo es una opinión personal del autor.










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